LA Priest – Inji


De nueva cuenta cae sobre mí esa frase que va algo así: “Después de la tormenta viene la calma”. No me considero un hombre de dichos, es más, ahora pensándolo, puedo contar todos los que me sé con los dedos de mis manos (cabe mencionar que una es un muñón). Sin embargo, como ya me ha pasado un par de veces de manera casi consecutiva, decidí usarlo para explicar lo que varios de ustedes ya saben: la muerte del baterista de Late Of The Pier, Ross Dawson y con ello la tal vez inminente separación de la desaparecida agrupación, y el regreso de LA Priest con el lanzamiento de Inji, su álbum debut.

LA Priest es el proyecto como solista de Samuel Eastgate o Sam Dust para los cuates de provincia, -¿ex vocalista y guitarrista?- de Late Of The Pier, que desde antes de que saliera a la luz aquel bello y único en su tipo Fantasy Black Channel (2008), ya estaba en el estudio componiendo temas como “Engine” o “200 Meows”, una pieza irreverente de electrónica donde podemos escuchar más de 200 (comprobado científicamente por mí) maullidos. Una genialidad que sólo podía ser fabricada por uno de los integrantes de una de las bandas más adelantadas a su tiempo.

Allí me postraba yo y muchos otros fanáticos empedernidos, en una sombría esquina sollozando en posición fetal, esperando a que el 29 de junio llegara (fecha del lanzamiento del disco vía Domino Records) y con ello, un apaciguamiento emocional que definitivamente no nos haría olvidar la -hasta ahora no sabida-  separación de LoTP, ni mucho menos el fallecimiento de Ross, pero sí nos distraería un poco sobre todo esto. Y qué bien estaba al tener mis más altas expectativas sobre este Inji. Expectativas que no se generaron a ciegas, sino en base a la escucha de sencillos lanzados como “Oino”, “Party Zute/Learning To Love” y “Lorry Park”. 3 temas de naturaleza distinta los cuales no pudieron haber sido elegidos de mejor manera para presentar el álbum. Una pequeña entrada que de inmediato hablaba de un bestial eclecticismo electrónico y de un factor que ahora se puede constatar escuchando el disco entero: experimentación.

Pero ¿de dónde vino toda esta experimentación? Para responder a esta pregunta es necesario moverse hacia el pasado ya que lo último que vimos de su autoría fue en el 2010 con las últimas dos canciones de LoTP, “Blueberry” y “Best In The Class”. 5 años que podrían resumirse en 2 importantes factores: 1) Connan Mockasin y 2) El viaje. El primero tiene que ver con que Sam se unió a la banda en vivo de Connan durante la gira de su más grande logro, Forever Dolphin Love. Y no sólo eso, sino que además ambos tenían un proyecto en mente llamado Soft Hair el cual nunca dio a luz ;’-(. Sin embargo, podemos escuchar algunos vestigios de lo que tal vez hubiera sido esta colaboración en el sensualísimo tema “A Good Sign“, donde Connan hace una aparición estelar con una guitarra introductoria muy al estilo de Forever Dolphin Love. De igual manera, en los últimos compases de “Night Train” también podemos encontrar algunos elementos traza de Connan, con una experimentación vocal de Sam que muy pocos podrían negar que no está influenciada por el buen Connan.

El factor del viaje tiene que ver con una entrevista para NME en la cual explica que “la mayoría de sus canciones son una sopa de todos los lugares a los que ha ido”. Groenlandia es uno de ellos, un país casi inhabitado al cual fue a grabar a un pueblo abandonado ondas electromagnéticas para luego jugar con las frecuencias.

De todo esto y más se compone Inji, un álbum que expone el talento de Samuel Dust al máximo y su fino oído para la electrónica, ya que si un hombre me estuviera apuntando con un arma exclamándome de qué es el álbum, le respondería que de electrónica, pero esa clasificación queda corta cuando escuchamos temas como la bellísima balada que da final al disco, “Mountain“. O qué decir del primer tema “Ocassion“, el cual empieza con una firme línea de bajo para dar paso a guitarras y teclados abruptos y feroces.

Aún no podemos definir un sonido característico de LA Priest, una línea que nos diga en qué sentido marcha su creatividad y es que cada canción tiene su más pura forma de ser. Muchas veces sucede esto con los primeros discos, algo que no es para nada reprobable y que la mayoría de las veces se constata con el segundo material, que esperemos, se tarde lo que se tenga que tardar ya que es una constante que hemos visto en su Late Of The Pier y en LA Priest. Tomarse las cosas con calma y desarrollar una idea hasta el punto en el que no se le pueda mover ni una pieza más.

inji

Adopata un perrito de la calle

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