Festival NRMAL 2014


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Arribé al aeropuerto de Monterrey con un amigo y sin dinero por un incidente que prefiero omitir. “¿Ahora qué hacemos?”, nos preguntamos cuando salimos al estacionamiento del lugar. Investigamos cuánto nos costaría un taxi a la ciudad “390 chavos” “Puta, bueno gracias”. Al no poder costear el taxi, procedimos a probar suerte y esperar por que una banda llegara y nos echara ride al hotel sede, la verdad es que no teníamos de otra. Como a los 10 minutos apareció Pumuky con guitarras, lentes de sol y café de Starbucks en mano, les preguntamos si podían echarnos un ride y nos dijeron que sí, que no había ningún problema, que sólo le preguntáramos al chofer. El chofer nos mandó al culo. Fue entonces, que cuando creímos que todo estaba perdido, apareció Katia. Katia era una chica que llegó al estacionamiento con un maletero cargando –sin mentir– unas cuatro maletas y tres bolsas llenas de mercancía del festival, le pedimos ride y ella accedió. Al parecer le dimos ternura o tal vez lástima, no sé, la cosa es que al llegar la van ni siquiera pidió permiso. Le dijo al chofer “ellos vienen conmigo” y casi casi nos empujó al interior de la van. Ya habíamos hecho nuestra primera amistad en Monterrey y también ya teníamos una historia que contar. “Hijos, una vez una morra ondeada me ahorró cuatrocientos pesos que ni tenía”.

Llegando al hotel nos encontramos con viejos amigos como Los Macuanos, Little Jesus y Hawaiian Gremlins, quienes muy amablemente nos dejaron descansar en su habitación. Compramos una botella de ron barato y la metimos en bolsas de orina. La verdad es que dentro del festival no hubiéramos podido costear más de una cerveza.

bolsa_orinaEn fin, cada 20-25 minutos partían camionetas con las bandas hacia el festival “¿Ustedes quienes son?” preguntó una morra de apariencia importante “Somos de prensa” mintió mi amigo “Ah ¿son de prensa? en esa van todavía caben dos personas”. Nos montamos en la camioneta y ésta llevaba a puras bandas del escenario negro que ni conocía. Para nuestra sorpresa, al llegar al venue la camioneta no nos dejó en la entrada del festival, sino en la zona de backstage. Así de fácil, sin darnos cuenta, estábamos en el backstage y nosotros con la entrepierna apretada por la bolsa de orina.

Nos apeamos y corrimos al escenario Azul a presenciar el recién comenzado acto de Los Blenders. En donde, a pesar de mostrarse tímidos y un poco desconcertados, deleitaron al público con una explosiva vibra de surf que hizo bailar a más de uno. Cuando terminó Meta y Dinero, corrí hacia el escenario Red Bull Music Academy para presenciar las últimas dos canciones de los Hawaiian Gremlins, quienes tenían más público que Los Blenders y una vibra muy ondeada sobre el escenario. Agradecieron un sin fin de veces a quienes fueron a verlos y cerraron su set con su mejor carta Give It Up, subiéndole todo al reverb y pidiendo aplausos al público ¿Cuál me gustó más? no sabría decirlo. Hasta la fecha sigo enojado con NRMAL por empalmar a estas dos bandas.

10002751_10152008971813730_743299277_nPara las 2:40pm estaría comenzando el set de Clubz, la promesa regiomontana que reunió a un buen número de personas. En el Escenario Rojo nos topamos con muchos amigos de Internet y todos estuvimos de acuerdo al decir que Clubz no sólo tenía música excelente montada en la red, sino que también sabía presentarla en vivo con un show bastante dinámico donde Coco Santos bailaba por todo el escenario, cantaba coros simultáneos con Orlando Fernandez y lo perdía tirándose al suelo a raspar la guitarra.

Después en el escenario Azul, para el que sólo bastaba caminar unos cuantos pasos para llegar a él, comenzaron los Little Jesus exponiendo su conocido tropi-pop que hizo bailar –como siempre– a todos los presentes. Los de la capital tocaron un set que han memorizado y perfeccionado a lo largo de un año. El mismo orden, el invitado sorpresa a tocar el pandero y –gracias a Dios– la misma energía que los ha llevado a donde están ahora.

1922760_10152008971948730_888496982_nEntonces apareció Ave Negra en el escenario Rojo, presentándose con un integrante más que el año pasado y con Russel Davis portando una playera de Los Blenders. Guitarrazos, surf, rock “1, 2, 3, 4’s” y por más que lo esperé la gente no comenzó ningún slam. Todos bailamos, era imposible no hacerlo, pero estoy seguro que más de uno quedó con ganas de brincar y empujar desconocidos. Sin embargo, el show de Ave Negra sonó mucho más completo que a lo que se escuchó hace un año (y eso que ya era bastante bueno). Terminamos agitados, por suerte nos reencontraríamos nuevamente con Pumuky en el escenario Azul para recostarnos en el pasto y disfrutar de melodías suaves y dulces vocablos que nos arrullaron. El set de los españoles fue delicado y honesto, de esos que erizan la piel y te sacan una sonrisa.

Mi amigo me convenció de ir ver a Tino el Pingüino, quien me sorprendió al hacerme reír con sus letras y por el hecho de que a pesar de llamarle perras a las chicas que estaban en primera fila, ninguna terminó por ofenderse. Una hasta le regaló su bolsa, o bueno, más bien Tino se la quitó diciendo “Esto es un atraco”. Lo mejor fue que un perro volaba por los aires y que partí en el punto exacto para llegar al ya comenzado set de Los Románticos de Zacatecas.

10008493_10152008971818730_242302456_n10003157_10152008971798730_939830453_nEl set de Los Románticos de Zacatecas me remontó a la secundaria cuando cantaba temas como Nada Puedo HacerEn Esta Melodía. Los de Zacatecas interpretaron puro clásico y a pesar de no tener una asistencia cuantiosa, sobraron los que corearon todas sus canciones y rieron con los comentarios pícaros de la agrupación.

La tarde se pintó de gris y en el escenario Red Bull Music Academy esperaba uno de los actos que había generado más expectativa dentro del cartel. La productora española, BFlecha, ya estaba en el escenario y en primera fila la crew de Club Fonograma (recordemos que la pusieron en primer lugar en su lista de “Lo Mejor del Año”). Con una pista corriendo, secuenciadores, un teclado al que siempre le faltó volumen y pasos de baile extraordinarios, BFlecha nos hizo bailar y volvernos locos. Su fantástico set conformado por géneros como trap y R&B; y alucinantes temas como A Marte B33, provocaron una gran fiesta que introducía a una excelente velada que apenas estaba por comenzar. Un vato de aspecto rimbombante llegó a pedirnos cigarros, mi amigo le regaló uno y bailó cerca de nosotros un par de canciones. Tiempo después nos enteramos que era un fotografo de Pitchfork y que mucha gente le lame los huevos. Ojalá haya disfrutado el cigarro.

1474699_10152008971808730_2080893597_nYo no sabía de Hidrogenesse y ni siquiera me había tomado la molestia de buscar sobre ellos. Varias personas me recomendaron verlos y ahí me hallaba sin saber qué esperar. Para mi sorpresa, me encontré con un dueto bastante divertido que desde sus aspectos llamativos, hasta sus comentario entre canciones, o el júbilo de sus temas, entretuvo e hizo bailar a la mayoría de los presentes. La noche cayó sobre Monterrey e Hidrogenesse lo celebraba evocando un synth-pop absurdo (en el buen sentido).

Sin embargo, comenzaron a caer gotas de lluvia y lo que comenzó como una llovizna que no era un limitante para escuchar al ídolo barcelonés Pional, se convirtió en una tormenta que con ayuda del viento se encargó de tirar el sonido del escenario y acabar con su set. Nos quedamos sin Pional y sin Fuete Billete (porque ya había terminado su presentación). Una lástima, una decepción. Sabíamos que no todo podía ser tan bueno.

De igual manera, ya con la mitad de las bolsas de orina vacías, esperamos con actitud optimista a Yesco, quien constantemente se quejó del poder de las secuencias durante las primeras canciones. Habrá que recalcar que su show pierde muchas cualidades sin aquellos visuales que proyectó en el Festival Ceremonia, sin embargo, La Royale acompañada de su banda le quitó lo entumido a nuestras piernas y encendió de nuevo el motor del festival con un set bien definido y poderoso. Vaya, que ese muchacho sabe sacarle provecho a su sintetizador Roland.

1801100_10152008970068730_746727819_nDespués nos refugiamos en la Psych Tent de Vans y mis amigos tomaron un bocado de la variedad de comida que ofrecía el festival. Uno de ellos pidió tacos, otro una hamburguesa de El Camino y yo, bueno, yo bebía ron barato de una bolsa de orina mientras estaba hipnotizado por los visuales de la carpa. A lo lejos sonaba No Zu y por la cantidad de percusiones con las que contaban y la energía que irradiaban en el escenario, no cabe duda que estuvo buena la fiesta en el escenario Azul.

Ya descansados y comidos (bueno, yo no), nos acercamos al escenario Rojo donde nos encontraríamos con Blue Hawaii y un excelente set que en orden ascendente despegó de melodías nostálgicas adornadas por la voz de Raph, para aumentar el tempo y elevarnos hasta las estrellas con pistas etéreas y refinadas. Blue Hawaii llevó el festival a otro nivel. Rodeado de amigos, feliz, bailando, escuchando excelente música. Les puedo asegurar, la magia había vuelto.

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Fue momento de regresar al escenario Red Bull, donde esperaría el infalible Matias Aguayo quien esta vez se presentaría con el dúo chileno Mostro. Dicha presentación se llevó la noche, musicalmente y en cuanto a respuesta por parte del público. El conjunto tuvo una presentación tropical, divertida y energética. No creo que hubiera un alma bajo ese carpa que no se sacudió hasta el sudor. La fiesta llegó a su punto más alto, no sólo por Matias Aguayo bailando como Satán, o la minuciosidad del baterista de Mostro o la excelente coordinación del tecladista; sino por su gente. Abrazado de desconocidos, bailando limbo con un listón que alguien se encontró por allí y cayendo confetti que una chica estaba lanzando, me di cuenta que el festival NRMAL me había hecho conocer gente hermosa que jamás olvidaré.

Después de Matías Aguayo corrimos para ver el cierre de Extraperlo, donde interpretando Fantasmas con una serie de guitarras bailarinas, nos encontramos con una invasión al escenario que define al festival NRMAL en su totalidad. Una fiesta. Una celebración musical hacia lo desconocido. A la aventura. Un escape al mañana donde todo es posible y la fiesta nunca termina. La lluvia no era un impedimento, era parte de una festividad donde todos brincaban y capturaban el momento con sus celulares. El festival llegó a su auge y conforme bajábamos del escenario concluida la presentación todo parecía ser irreal.

Foto: Red Bull Panamérika

Foto: Red Bull Panamérika

La lluvia se encargó de acabarse todo el pasto del recinto y nuestro recorrido de regreso a la carpa de Red Bull se vio acompañado de un kilo de lodo bajo nuestras suelas. Sin embargo, en la carpa esperaba con un su show ya comenzado el joven productor Siete Catorce, quien a su corta edad se ha hecho de un lugar respetable en la escena nacional. Su música obscura y misteriosa, con tintes de cumbia que evocan baile, se apoderó de la carpa con un set que se sabía de pies a cabeza. Tarareando cada una de las melodías y ensimismado en su computadora, Marco Polo expuso un show que varió desde producciones propias hasta la sorprendente inclusión de temas como Stolen Dog de Burial y más.

La repentina cancelación de la presentación de Los Macuanos desilusionó a varios que estaban dispuestos a escucharlos bajo la lluvia. Se podían escuchar multiples “¿Sí van a tocar?” “¿Oye, sabes qué pedo?” que después se transformaron en comentarios como “Chale, qué mal pedo” y “Pff, yo sí quería verlos”. Decidimos volver a la carpa y nos encontramos con una explosión de sonidos curada por Dj Rashad & Dj Spinn, quienes tenían al público en la mano y la energía de la gente parecía no verse afectada por el lodo, o el viento o la joven madrugada.

A esas horas, sin haber ingerido alimentos en todo el día, con las piernas entumidas y con un peso extraordinario en los párpados, me senté y recargué sobre una barra. Pensando en el festival, en la gente que conocí, las experiencias que viví y sobretodo, la música que escuché. “No te duermas wey” me dijo mi amigo “Está bien, pero ya vámonos”, y Monterrey se acabó para nosotros.

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