LP: Astro Children – Proteus


1454868_770701956279117_2054740737_nAstro Children es un dueto establecido en Dunedin, Nueva Zelanda. Está conformado por Millie Lovelock en la guitarra y en la parte vocal, e Isaac Hickey en la batería. Éstos, el mes pasado lanzaron un disco titulado “Proteus” a través de Muzai Records, el cual es una bandeja de variedades que bailan entre el dream pop y el noise.

La placa se abre al paso de “Sunday Afternoon” un tema que pretende sacar al oyente de la zona de confort para dejarlo desconcertado y sin preámbulos de lo que pasará. Al terminar los casi 3 minutos de percusiones acompañadas de efectos sombríos, samples de voces y guitarras raspadas, comienza “Jamie Knows” el cual sirve como una pastilla tranquilizante con acordes melancólicos en la guitarra, una batería con altibajos y la dulce voz de Millie. A partir de “Eden“, tercer tema del disco, el tempo aumenta desmedidamente y lo que comienza como una canción que te situaría perfectamente en un garaje sucio comiendo pizza fría, se torna en la excusa perfecta para destruir todo lo que está a tu alrededor. Y sin dejar que las cosas se enfríen, vienen “Shoe” y “Nora Barnacle” incitándote a sacar lo peor de ti, ahora bien, ésta última, la considero como el tema más importante del disco. Es tan pura, honesta y caótica. Maldita sea, “Nora Barnacle” es la canción perfecta para decir que el rock no ha muerto y que cualquier mujer puede ser Karen O cuando tiene sentimientos atorados en el pecho. Comenzando con notas reverberadas en la guitarra que mutan en acordes violentos, abren paso a gritos feroces y desesperados al borde del abismo, con platillazos incesantes y una atmósfera violenta que al llegar al climax se calma, dejando todo en ruinas y en un silencio eterno.

Y así, como aumenta la intensidad del disco hasta llegar el climax y hacerte sudar, viene un desarrollo cuyo propósito es regresar tu pulso cardiaco al original antes de dar play al cursor. “Big Muff (Strikes Again)“, comienza con una guitarra acústica amigable acompañada de una batería que lanza cuanto platillazo le plazca mientras Millie canta como si la persona que interpretó el tema anterior no existiera. Después siguen “Gaze” y “Yonsi” para cerrar el disco con guitarras afectadas por una cantidad considerable de pedales mientras la batería disminuye la velocidad y los vocablos se desvanecen hasta convertirse en meros susurros.

 

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